jueves, 12 de enero de 2012

CADIZ, SU LUZ, SU GENTE, SU INGENIO, Y “LA PEPA”.


Hoy le toca a Cádiz, la ciudad de la luz y del ingenio. Los gaditanos tienen fama de graciosos, es de sobra conocido por todos, también es cierto que en todos sitios hay gente graciosa, eso no es discutible, pero no en la cantidad de la que se puede encontrar en Cádiz, siempre según mi modesta opinión. El humor de los gaditanos es espontáneo, sencillo, fácil, cómodo y ocurrente, fluye de sus bocas con la misma facilidad que el agua cuando abres un grifo. Es satírico, ya que surge de cualquier situación sea ésta cómica o dramática. En políticas nefastas y graves que afectan al país o a su ciudad, o ante problemas de cualquier índole. A todo le buscan el lado cómico, el punto ingenioso. Pero lo realmente asombroso es que lo encuentran sin tener que pensarlo, les sale así por las buenas, tan fácil como chasquear los dedos. Son geniales a la hora de reírse de sí mismos, y para eso no me digan que no hay que tener gracia, y mucho arte.

No son los clásicos que se las dan de graciosos, y que maldita la gracia que hacen. El gaditano, por regla general, tiene gracia, tampoco quiero decir que todos sean graciosos, no, eso sería un tópico más de los muchos que pululan en todas partes, pero si en una gran mayoría.

Ya puestos a pensar, pregunto yo ¿No le vendrá el salero, de la sal que baña sus costas, de ese mar aturquesado y maravilloso? ¿o de la luz que inunda a raudales la ciudad?  Recuerdo que de chica cuando oía decir “Cádiz es la Tacita de Plata” yo preguntaba qué quería decir, explicándome mi madre que era por su luz y por la limpieza de sus calles y plazas.  Realmente la luz que alumbran sus mañanas es plateada, si miras hacia la ciudad desde la playa de La Victoria en un día soleado la vista se nos llena de una luz inigualable a ninguna otra ciudad.

No menos mágicos son sus atardeceres, cuando he paseado por la orilla de cualquiera de sus playas, hundiendo mis pies en su mullida arena, he sentido una calidez por todo mi cuerpo, y una paz por la que le doy gracias a la vida. Hasta el sol me ha parecido más sosegado y moderado al esparcir su calor, como si no quisiera perturbar con su luz abrazadora la paz que se respira, ¿acaso no es posible que todo eso influya en los  genes de los gaditanos?   Yo creo que sí.

En la playa de Bolonia podemos ver como las dunas, en continuo vaivén, cambian el paisaje al son de la suave música que les marca el viento. Como acarician con su fina y dorada arena  las ruinas de la mítica ciudad de “Baelo Claudia”, cuyos restos datan del siglo II a.C. Como ciudad industrial, ya utilizada antes por los fenicios, y que los romanos con su buen hacer demostrado, respetaron y mejoraron las instalaciones engrandeciéndola. La ciudad llego a tener más de 4.000 habitantes. Contemplando el paisaje las vistas son impresionantes. Sin darnos cuenta nos transportamos al pasado, pudiendo ver con la imaginación, una ciudad romana e industrial en plena efervescencia.

Las Rutas de los Pueblos Blancos son también rutas arqueológicas. Numerosas las del interior y las de la costa; Medina Sidonia, en el término municipal de Arcos de la Frontera en la sierra de Aznar, una antigua ciudad ibero romana. Las ruinas de “Carissia Aurelia” cerca de Espera. “Carteia” en Ubrique. “Iptuci” en  Prado del Rey. El teatro romano de Cádiz descubierto en  1980, como siempre de casualidad, dicen que es el más antiguo de la Península, al igual que la ciudad de Cádiz, etc. etc. restos todos ellos de un pasado ancestral y glorioso.

Sus Parques Naturales, de paisajes sorprendentes e impresionantes: Sierra de Grazalema; Los Alcornocales; el de Bárbate; el Estrecho de la Breña y la Bahía de Cádiz; el Pinsapar de Benamahoma, que es un bosque de abetos sobreviviente de la retirada de las glaciaciones, donde dicen, el índice pluvial es el más elevado de España, El paso de diferentes civilizaciones y culturas, no solo han dejado sus restos, también su artesanía, la cual todavía perdura en algunos pueblos serranos como el de Grazalema o Benalup. Tartesos, fenicios, romanos, visigodos, árabes. Todas esas culturas seguramente habran influido en su carácter acogedor, abierto e ingenioso. 

En la Guerra de la Independencia en plena Invasión napoleónica, cuando toda España estaba ocupada menos Cádiz y San Fernando. Los diputados, reunidos primero en San Fernando, después en Cádiz, en asamblea constituyente de Las Cortes Generales, proclaman la Constitución de 1812. Doscientos años hace en Marzo, bautizada con el nombre de “La Pepa” por suceder el acto constituyente el 19 de marzo día de San José. La vida de “La Pepa” fue efímera pues solo duró dos años, aunque posteriormente le regalaron tres años más, del 1820 al 1823, para terminar definitivamente con otro año en 1836 al 1837. Siendo Fernando VII quien decretó la disolución de las Cortes y la derogación de la Constitución, deteniendo y asesinando a los diputados liberales. Aun siendo muy corta su vida, fue ejemplo de democracia para muchos países, si tenemos en cuenta que estamos hablando  del siglo XIX. Los liberales gritaban ¡Viva la Pepa! -Creo que pudo ser el primer eslogan político, de  gran  éxito, la frase era corta y rotunda, su simplicidad caló en las gentes-.  Tras la vuelta de Fernando VII el grito de los absolutistas era ¡Vivan las cadenas! que el pueblo llano con su gracejo habitual, cambio por el de ¡Vivan las Caenas!  (Que digo yo, que hay que ser masoquista, o estar muy aborregado) es cierto que también el miedo a las represalias hace decir cosas que no se sienten, como pasó después de la guerra. Vista en estos tiempos no fue tan modélica, es más, ahora nos parecería insuficiente y hasta ridícula, pero para el siglo XIX no estaba nada mal.

Cuando el 1 de diciembre de 1810, en Cádiz cae en el centro de la ciudad, una granada de gran tamaño, seguida de muchas más, primeramente, cunde el pánico, pero al comprobar el pueblo que ninguna explotaba, solo servían de chufla, -como no podía ser de otra manera viniendo de los gaditanos- la situación fue un gran cultivo para su ingenio y sus  burlas, dedicándole  rápidamente numerosas  coplillas de la que alguna todavía se escucha como la que sigue:  

Váyanse los franceses
En hora mala;
Que Cádiz no se rinde
Ni sus murallas.

Con las bombas que tiran
los fanfarrones
se hacen las gaditanas
tirabuzones.

Igualmente cumple doscientos años La Lotería Nacional, que vio por primera vez la luz también en la ciudad de Cádiz, la llamaron “La Moderna” fue aprobada en  las Cortes por unanimidad, pues era necesario y urgente aumentar los ingresos del erario público, sin que recayeran sobre el ya maltrecho contribuyente. El 27 de enero de 1814 fue el último sorteo en la ciudad de Cádiz, pasándola definitivamente a Madrid. Al contrario que “La Pepa” La Lotería Nacional, tuvo, y tiene, larga vida.

“Puerta Tierra” es la entrada al Cádiz antiguo. Los gaditanos con su natural ingenio se bautizaron a sí mismos de la siguiente manera; a los que vivían  en intramuros les llamaron, “tirillas” y a los de extramuros, “beduinos”. Es una pura gozada adentrarse -paseando a pie, por supuesto- por sus callejuelas con sabor a antiguo, barrios con solera como el del “Populo” antigua Villa Medieval. “El barrio De la Viña” llamado así por estar construido sobre terreno de antiguos viñedos. En el siglo XVIII se construyó sobre ellos el barrio Del Nuevo Mundo, hoy llamado De La viña, barrio poblado principalmente por pescadores, es de los más populares dado que en él se centra su famoso “Carnaval”.

A mí, que soy una enamorada no solo de Cádiz, también de sus pueblos y de sus playas, tengo que reconocer que hay paseos especiales que siempre que vamos Paco y yo hacemos. En realidad nos pateamos -en el coche de San Fernando un ratito a pie y otro andando-, la ciudad de cabo a rabo que es como mejor se conocen las ciudades. Un paseo precioso que me encanta es el de “La Alameda de Apodaca”, de estilo colonial que se conserva igual, bueno por algunas partes está muy deteriorado el pavimento y azulejos de la época, los jardines de hermosas plantas y enormes árboles tropicales, traídos de las Américas en los años de esplendor del mercado con las indias, y que se conservan como si el tiempo no hubiera pasado, todo el paseo es mirando a la bahía en la que se funden los azules, mar y cielo, cielo y mar. Nos sentamos en uno de los antiguos bancos para descansar y relajarnos del largo paseo mirando el entorno, y es inevitable que la imaginación te traslade a la época colonial.

Además de sus innumerables y hermosas plazas, y sus torres vigía que eran utilizadas por los comerciantes de la época para ser los primeros en avistar los barcos con sus cargamentos de productos del nuevo mundo. Esta la llamada “La Calle Ancha”, la principal arteria de la ciudad, de la cual podemos decir que casi todas las casas de esta calle son impresionantes, y majestuosas de estilos neoclásico o barroco, quizás alguna modernista también, sus impresionantes fachadas y balconadas no dejan a nadie indiferente. Seguramente la mayoría se las construirían los indianos que volvían ricos de hacer la Américas. Otra visita obligada es el paseo por “La Caleta” donde destaca el Balneario de Nuestra Señora de la Palma, inaugurado en 1926, de estilo modernista. Mirando ese espacio es como estar en La Habana vieja,  como decía Carlos Cano:

“Cádiz es la Habana, con más salero/ la Habana es Cádiz, con más negritos.”

Son tantos los sitios bellos que tiene Cádiz, que la lista sería larga muy larga, y su dilatada historia de grandes acontecimientos, digna de leerse detenidamente.

En definitiva que Cádiz una de las ciudades más antiguas de occidente, tiene suficientes méritos para ser una ciudad importante, y los gaditanos dignos herederos de tantas culturas, que sin duda han influido en su carácter simpático, acogedor, y sobretodo ingenioso.

Cádiz tiene la virtud de enamorarme, siempre que la visito.  “Viva Caí”, y su gente.


7 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Precioso Conchi, no puedes disimular tu amor a Cádiz.
Un beso

José Manuel Fuerte dijo...

A mi, que tan poco me gusta la playa, siempre he dicho que la mejor playa que he conocido ha sido la de la Victoria, por su vida, amplitud y, como bien dices, sus atardeceres. Ver acostarse el sol en Cádiz es una delicia.

Lo de la tacita de plata, siempre lo había relacionado con el plano de la ciudad, que parece una tacita, así como la vista desde la bahía, pero puede que tengas tú razón y sea por su limpidez y luz.

En cuanto a lo de la gracia gaditana, seguro que es porque sus gentes supieron siempre sobreponerse a los acosos malintencionados externos, sacando lo mejor de sí mismos, y haciéndose felices unos a otros, pues nada más les quedaba.

Para mí, España nació en Cádiz (La Pepa) porque fue donde y cuando todas las capas sociales de este país por fin se pusieron de acuerdo en algo, sin ningún dictador de por medio, y fue allí, en esa hermosa Isla del León, donde se quiso y se intentó ser uno. Lo que vino luego mejor dejarlo.

Cádiz es hermosa por sus playas, por sus sierras, por sus pueblos, por sus gentes y por su historia.

Mi primer año lo cumplí en la playa de La Victoria, e incluso tengo fotos de ello. Evidentemente no lo recuerdo, pero tampoco lo voy a olvidar.

Bonita entrada, Conchi.

Conchi Carnago dijo...

Gracias Paco, nadie mejor que tu lo sabe, siempre que podemos tiro de ti aunque se, que muy poco te gusta la playa, pero nos damos una vuelta aunque solo sean unos cuantos días. Gracias por ello.

Un beso.

Conchi Carnago dijo...

José Manuel, en lo de que no te gusta la playa, coincides con Paco, aunque yo creo que he conseguido que algo ya le guste.
Lo de la tacita yo solo se lo que me contaban de pequeña no sé si sera cierto.
Tu lo has dicho cuando no queda nada, hay que reírse de todo y de todos.
Y también llevas razon al decir que todas las capas sociales se pusieron de acuerdo y colaboraron cada cual desde sus posibilidades, pero se puede decir que fueron todos a una, como los de Fuente Ovejuna.
Hay playas todavía mejores que la de la Victoria, como son las de Zahara de los Atunez, o la de Bolonia,para mi son las mejores, pero también estan las de Conil, Barbate, o Caños de Meca, todas son buenísimas.

Gracias.

Juan Guijarro Moreno dijo...

Pues yo lo que es en Cai Cai no he estado, de más joven iba de vez en cuando a los Caños de Meca y al Puerto de Santa María. Y la verdad, aunque como a Paco, tampoco me gusta mucho la playa sino solo al amanecer y al anochecer, por lo de las luces y las sombras, esas tonalidades que hacen las playas más bellas; pues me gustan más que las de Málaga -desde donde por cierto estoy haciéndote este comentario-. En cádiz también son más espléndidos a la hora de ponerte la tapita con la caña y son gente abierta y afable, vamos que les pega lo de la Pepa, eso de que la primera constitución democrática se produjese allí.
Bueno Conchi, dile a Paco que le hecho un vistazo a su blog, de vez en cuando, pero eso de la arqueología es demasiado erudito para uno que anda entre peñascos y terrones. Un abrazo muy fuerte para los dos

Conchi Carnago dijo...

Juan Cadiz merece una visita, no solo por sus playas que también, la ciudad merece unos días para patearla a gusto, espero que algún día lo hagas, te gustara, los atardeceres en las playas con la ciudad al fondo son ideales para un fotógrafo de raza como tú.

Un abrazo.

Juan Guijarro Moreno dijo...

Pues lo intentaré Conchi, a ver si junto algunos duros y me los gasto en ir a Cádiz en vez de en otra cosa. Un abrazo.