Como no podía ser de otra manera en tiempos de “gran crisis”, mis vacaciones han sido
austeras, faltaría más. Solo hemos gastado en el alquiler del apartamento, que
ha sido un precio módico gracias a unos
buenos amigos, Patro y Paco, los dueños del mismo. Y el gasto normal en alimentación.
Situado en la famosa playa de la Carihuela, lo que se dice
“a dos pasos” de la susodicha. Bonito y cómodo, todo nuevo y acogedor, y lo
mejor, una hermosa terraza patio, donde disfrutábamos del desayuno, y de la
cena, momentos de verdadero relax.
Lo mejor, varias cenas con amigos en la terraza, en plan
tertulia relajada. El encuentro fortuito y casi novelesco con un amigo bloguero, “fus”,
con él y su esposa Conchi, (casualmente Paco y Conchi) compartimos una rato de
lo más ameno.
Aparte de los matutinos paseos playeros, refrescantes
chapuzones y secado al sol, lo demás han sido las largas horas de lectura, en
la playa, tanto por la mañana, como al atardecer, bajo la sombra del hermoso
palmeral, y los ruidos inevitables de conversaciones ajenas, a las que yo hacía
“oídos sordos” amenizados por los graznidos de unos papagayos que al parecer se
han hecho los dueños del palmeral. Siempre evitando las horas centrales de
calor, que al parecer son las que más les gusta a la gente, pues cuando
nosotros nos marchábamos era cuando más gente veíamos acudir a ellas.
Creo que he batido mi propio record de lectura. Me lleve una
novela que tenia empezada, de Stephen King, llamada “Verano de corrupción” bastante truculenta por cierto, se trata de
un chico muy joven que descubre que un vecino suyo, ya anciano, era un conocido
nazi. El chico usa la información para chantajear al anciano, sonsacándole todo
tipo de información morbosa de los terribles acontecimientos. Un inteligente y
perverso crío, que llega a cometer actos inverosímiles en un joven de su corta
edad. Interesante como casi todas las de este autor, del que mi hijo Paco tiene
una buena colección de sus obras.
Como solo me había llevado esa, tuve que buscar alguna
librería, o sitio donde vendieran libros de bolsillo. Pues aunque parezca
mentira no fue fácil, las pocas que encontrábamos tenia los libros en ingles, o
alemán, por fin dimos con un establecimiento de los que son una especie de supermercado y basar tan
comunes en los sitios de costa. Solo le quedaban tres, en español, una de
pequeño formato, y escaso texto, llamada “Sabor
a chocolate” de José Carlos Carmona, doctor en Filosofía, que ha sido premiado
por la universidad de Sevilla, el autor describe en un mínimo texto con
bastante habilidad, muchos acontecimientos de la vida de varios personajes a lo
largo de sus respectiva vidas. Se lee en
una hora, y es ameno.
De las otras dos una ya la había leído, era “La Calle de la Vírgenes” de Barbará
Wood, buenísima novela sobre los fanatismos religiosos y la gran discriminación
de las mujeres en los países islámicos, conflictos políticos y culturales,
violencia y abuso sexual, se desarrolla a través de tres generaciones de
mujeres. Es muy recomendable, me encantó. Sin duda la leeré otra vez cuando
pase un tiempo, tengo costumbre de leer dos veces las que, como se suele decir,
nos dejan buen sabor de boca. La única que le quedaba, era de la misma autora,
lo que me satisfizo, ya que tanto me había gustado la anterior, por lo que no
dude en comprarla.
El titulo es “Domina”,
cuenta la historia de una doctora desde su nacimiento, en 1860 en un humilde
barrio de Londres. Una infancia un tanto dramática para una niña, la hizo ser
fuerte, forzosamente. Su atracción por el dolor físico y gran interés en
buscar formas de paliarlo creo en ella
una necesidad de ayudar a los más débiles, (quizás por empatía). Al ir creciendo, tuvo claro a lo que quería
dedicarse el resto de sus días.
En el siglo XIX para una mujer estudiar medicina y además
ejercer era casi misión imposible. Se trasladó a Estados Unidos donde tras
muchas humillaciones y vicisitudes (que no voy a desvelar) no solo logra su título,
también logra grandes avances en medicina
de mujeres, en unos años en los que miles de ellas morían de infecciones al dar
a luz, o en abortos clandestinos. En definitiva una novela de una escritora que
sabe contar las historias consiguiendo enganchar al lector desde las primeras líneas.
Ideal para pasar los ratos de ocio.
Con el cuarto libro -este fue encontrado de casualidad en un
gran centro comercial-, “La aventura del tocador de señoras” de
Eduardo Mendoza, autor que consigue sacarme no solo la sonrisa, a veces la
carcajada limpia y espontánea. Me encanta su forma de describir al personaje,
que es el mismo de la primera de la trilogía, “El misterio de la cripta embrujada”
que leí hace un tiempo, le sigue “El
laberinto de las aceitunas” esta segunda parte, no la he leído. El autor
crea un personaje, “el protagonista”,
que a su vez, es el narrador de la
historia. Con gran habilidad mezcla los
pensamientos del protagonista que son de lo más inverosímiles e ingeniosos, con
el relato de los hechos un tanto rocambolescos. Esta me ha hecho pasar muy buenos
ratos, y eso se agradece en tiempos de crispación continua por el desarrollo de
los acontecimientos en este jodido país, de trápalas.
Con esta novela llegamos al término de los días de descanso,
o vacaciones austeras como yo las llamo.
A muchas personas les parecerán aburridas, cada cual tiene
una percepción distinta de lo que es pasarlo bien. Yo disfruto solo con mirar
al mar, y pasearme por su orilla, perderme en mis pensamientos, leer las historias
de los personajes que otros se han inventado, algunos magistralmente bien, para mí personalmente, han sido muy
satisfactorias, será por la edad que ya me apetece mucho más la tranquilidad,
que los largos viajes en los que acabas con el cuerpo hecho trizas.
En fin, ¡que “ca” uno es “ca” uno!
10 comentarios:
Sin comentarios por ser parte integrante y "paciente" del hecho en sí. Aunque la realidad es que en el fondo no he tenido que esforzarme mucho, por haber tenido un periodo de adaptación playero bueno, hasta el extremo que no me importaría vivir allí todo el año.
Lo pequeño es hermoso, reza el título de un libro. Y en la austeridad también se puede disfrutar de las cosas buenas de la vida. Me alegro de que os hayan sido provechosas esas austeras pero felices vacaciones.
Paco ten cuidado con lo que dices que te cojo la palabra, y tu nunca as sido playero, si bien es verdad aquel clima nos sienta a los dos mucho mejor que el de nuestra querida Córdoba.
Rafael yo también afirmo que la felicidad esta en las pequeñas cosas cotidianas de la vida, somos nosotros los que no sabemos apreciarlas, y nos empeñamos una y otra vez en complicarnos la vida la mayoría de la veces.
Saludos.
Efectivamente Conchi, casi siempre lo más sencillo, simple y cercano es lo que más le llena a uno. Momentos de relax leyendo un libro en una playa andaluza con las olas del Mediterráneo de fondo. Algo que muchos norteños, de los países frigoríficos, vienen a disfrutar.
En mi caso, yo tampoco soy muy de playa, aunque con los años le voy cogiendo el tranquillo. Lo cierto es que comienzo a leer un libro echado en la tumbona, relajado, en la sombrita, y acabo perdiendo el libro, debajo de la tumbona y soplándole al sol para que se vaya de una vez y nos vayamos de allí derechitos a la ducha a quitarse la arena que se te mete entre los dedos de los pies. No lo puedo remediar, la playa me "jarta". Debo ser más raro que un perro verde, pero eso de estar ahí tirado toda una jornada sin hacer nada...
Espero que vosotros no seáis como yo y hayáis disfrutado de lo lindo, porque os lo merecéis.
Por cierto, que el Paraíso está en Málaga, por mucho que busquemos por ahí, por algo los europeos se dan guantazos para buscarse sitio.
Jajajaa, tu eres igual que Paco José Manuel, de tierra adentro, o como poco de andar solo por el paseo sin pisar la arena, a pesar de todo con mucha paciencia le he ido inculcando que le guste cada vez más, primero porque a los dos nos sienta muy bien el clima, ademas de los paseos matutinos que son deliciosos, igual que los atardeceres, si eliges un sitio tranquilo, y una buena lectura, "miel sobre hojuelas".
Un abrazo.
Desde luego que sabes sacarle la miel a las abejas, has sabido aprovechar esos dìas con buenos libros, con aires marinos y con tu compañero Paco. No olvidèis que os debemos una invitaciòn.
un abrazo
Paco
Estimado Paco, como dice el reflan, "el que no se conforma es por que no quiere" y es mejor sacarle el jugo a cualquier situación, hasta a las cosas que aparentemente no lo tienen, aunque no sea este el caso.
Espero que si hace buen tiempo iremos algunos días más por tu bonita tierra, y no dudes que os llamaremos.
De todas formas ya sabes que que os esperamos por Córdoba.
Abrazos para ambos.
Me estimula tu relato sobre vacaciones austeras, pero al fin vacaciones :)
En mi caso este año me mudé a vivir sola, y el tener que afrontar todos los meses el gasto del alquiler del departamento en buenos aires en donde estoy viendo, bueno, para vacaciones no queda demasiado resto y esto me tenía preocupada
Gracias, me levantaste el ánimo
Maria Victoria gracias por entrar y comentar, y no te preocupes tanto las vacaciones aun siendo necesarias para escapar más que nada de la rutina, no son imprescindibles, yo que soy mayor solo tuve vacaciones cuando me case y no todos los años, aun ahora hay años que no vamos, y no pasa nada todo depende de como tu te lo tomes, Yo disfruto cada vez más de mi casa, un buen libro, y unos ratos escribiendo,o en facebook, y se pasan los días volando. Lo importante de la vida es saber sacar partido a las cosas sencillas las que no cuestan nada, como son la familia, los amigos los niños, los paseos sola o en compañía, en fin querida Victoria que tu eres la única que tiene que decir como, y de que manera,quieres pasar tu tiempo libre, pero te aseguro que hay miles de cosas agradables que no valen nada , para tiempos difíciles como los que desgraciadamente estamos viviendo.
Un abrazo, y gracias a ti.
Publicar un comentario