sábado, 28 de agosto de 2010

LAS COSAS DEL QUERER

Marchando una de “SAINETE “ El sainete, es lo mismo que el “ENTREMES” que aparece en los siglos XVIII, XIX, XX, era una pequeña pieza de teatro de carácter popular dramática o jocosa, que se interpretaba en el intermedio de una obra o al final, principalmente eran cómicas para relajar al espectador.

Yo he tenido la osadía de hacer un pequeño experimento haber que salía.

LAS COSAS DEL QUERER

Señora de unos treinta y cinco años muy atractiva, caminando con aire diligente y garboso, le sale al encuentro un señor de unos cuarenta también bastante atractivo, que se le va acercando hasta ponerse a su altura, la calle, una avenida céntrica de cualquier ciudad, un día, primaveral, ya próximo al verano luminoso esplendido, como no podía ser de otra manera.

El señor se dirige a ella muy educadamente pero un tanto azorado.

Señor.- ¡Señora, señora por favor! ¿Puede usted dedicarme unos minutos?

Señora.- Unos minutos puede ser mucho tiempo,- pero dígame usted.

Señor.- Señora perdone usted que la aborde de esta manera.

La señora le ataja rápidamente,

Señora.- Al grano señor al grano que no tengo mucho tiempo.

El señor se pone colorado y se le nota nervioso.

Señor.- Disculpe pero no sé cómo empezar.

Señora.- No dispongo de todo el día así que abrevie.

Señor.- Llevo mucho tiempo queriendo hablar con usted pero me faltaba valor.

Señora.- Y se puede saber de qué me conoce usted, porque yo es la primera vez que lo veo.

Señor.- Si me deja se lo explico, usted no me conoce a mi pero yo a usted si. Vera yo trabajo en aquel banco que ve usted en la esquina,

Señora.- Pues qué bien, y “que tengo yo que ver “

Señor.- Señor todo es de cristal y mi mesa de trabajo está detrás.

Señora.- Y...

Responde la señora un tanto molesta porque no sabe por dónde va a salir.

El señor cada vez más azorado pero dispuesto a decir lo que tenía en mente a toda costa, se lanza de corrido.

Señor.- Le pido perdón otra vez y le ruego que me deje terminar. Llevo todos los días viéndola pasar, durante cinco años, usted lógicamente no me ve a mí, yo desde el primer día que la vi me fije en usted, y no hubiera pasado nada si solo la hubiera visto un día o dos, pero tiene que reconocer que cinco años tienen muchos días. Y pasa usted tan airosa, tan bonita con su melena ondulada, y a veces va con amigas, hablando o riendo su manera de reírse y de gesticular al hablar, me hace pensar que también es usted muy simpática, su risa le ilumina su hermoso rostro y luce usted maravillosa.

La señora estaba a punto de cortarlo abrió la boca pero esta vez el señor se le adelanto diciéndole tan rápido como pudo.

Señor.-Eeestoy loco por usted, eestoy enamorado de usted ¡ Huuy ya lo he dicho! ¡Qué alivio!

La señora se alarma y hace intención de marcharse pero el hombre se interpone y le suplica que lo deje terminar.

Señora.- Claro que esta usted loco pero no por mí, por favor como se puede uno enamorar de otra persona de esa manera.

Señor.- ¡Señora, señora por favor! puede usted dedicarme unos minutos señora no ha oído usted hablar del amor a primera vista, pues eso me ha pasado a mí.

Señora.- Eso son tonterías.

Señor.- De eso nada yo doy fe de que es verdad, y espero por mi bien, que no esté usted casada, llevo años soñando con este momento sin atreverme a acercarme, pero ya no podía más, necesitaba hablarle, expresarle lo que siento, mirarme en sus preciosos ojos, saber si puedo tener alguna esperanza, por favor, por favor, no me diga que estoy loco.

La señora estaba alucinada, en sus treinta y tantos años nunca le había pasado nada parecido y eso que había tenido muchos pretendientes, la señora ante tanta vehemencia estaba empezando a debilitarse o lo que es lo mismo, a bajar la guardia, pero aunque seguía con recelo las explicaciones de su repentino enamorado, cada vez que lo miraba le gustaba más,

La situación era extraña, no conocía a ese hombre de nada pero a la vez le inspiraba confianza.

Señor.- Por favor señora, dígame si está usted casada para que yo pueda salir de esta incertidumbre que me corroe.

Señora.- Pues no, no estoy casada, pero todo esto es absurdo.

Señor.- Permítame entonces que la acompañe para que podamos conocernos, podemos ser amigos para empezar.

Señora.-Se está usted montando una película algo surrealista no le conozco de nada.

Señor.- Por favor le prometo que soy un hombre serio, y que no se arrepentirá de darme esta oportunidad, imagínese que unos amigos nos han presentado en una fiesta y hoy nos hemos vuelto a encontrar, a partir de hoy seremos lo que usted quiera.

La señora estaba cada vez más a gusto, el hombre además de atractivo tenía una voz muy agradable, y persuasiva se notaba que era muy educado, y se lo estaba pensando ¿que podía perder?

El señor aprovechando el breve lapsus en el que ella estaba pensando lo que hacer, volvió al ataque.

Señor.- Permítame que me presente, mi nombre es Fernando.

Señora.- Qué casualidad el mío es Isabel no se dé que me suena "Isabel y Fernando" la señora no puede evitar una sonrisa que acaba relajando a los dos personajes.

Señor.- Precioso nombre, pero no es casualidad es el destino, podemos tutearnos si no le importa.

Señora.- Me parece bien, tu nombre también es muy bonito, Fernando, si quieres puedes acompañarme hasta mi casa así podremos ir conociéndonos.

Señor.- No sabe como se lo agradezco Isabel, me parece mentira que esto sea verdad, tanto tiempo deseándolo, tengo miedo de que solo sea un sueño, si no fuera un atrevimiento le diría que me pellizcara.

Señora.- Quite, quite, no sea infantil.

Estuvieron paseando largo rato, sin darse cuenta cada vez más despacio, para alargar el tiempo, tenían tanto que contarse.

Se sentaron a tomarse unos refrescos en una de las muchas terrazas que abundan en verano, hablaron de todo, de sus aficiones, de sus gustos de sus ilusiones y anhelos, de lo divino y de lo humano, y a medida que se iban conociendo, se encontraban cada vez mas agusto, y se miraban a los ojos ya sin ningún pudor totalmente arrobados, como lo que ya eran dos enamorados.

Así nació un nuevo amor, para él no era nuevo pues llevaba cinco años soñando con ella, para ella sí, lo que certificaba que el amor a primera vista es posible como decía Fernando.

SON LAS COSAS DEL QUERER

1 comentario:

Lisístrata dijo...

En los tiempos que corren, ese galanteo no se estila. así pues ha sido bonito recordar estas maneras de cortejo de antaño. Mientras leía me imaginaba la escena de una bella película en blanco y negro. Genial osadía la tuya que se ha transformado en una escena de enamorados fresca y natural.