"EL NÚMERO DE EMIGRANTES ESPAÑOLES CRECE MAS DE UN 6,2 % Y SON MÁS DE 1,8 MILLONES
El número de personas con nacionalidad española que reside en el extranjero ha aumentado en 114.778 personas con respecto al 2011 hasta alcanzar el 1.816.778 personas, según los datos del Padrón de Españoles en el Extranjero (PERE) con fecha 1 de enero de 2012"
Como dijo un pepero trillado,
“manda güevos”.
Yo siempre había creído que el progreso era no volver atrás,
pues lo lógico es avanzar, principalmente en la calidad de vida de la gente,
ciudades y pueblos. Que equivocada estaba, pensaba que siempre habría buena gente entre los
encargados de dirigir mi país, ¡pero qué tontuna que soy! la realidad se ha impuesto,
y me ha abierto los ojos, ¡y de qué forma! Y no es que yo sea pesimista de
naturaleza no, muy al contrario, casi siempre veo la botella más llena que
vacía, pero en esta ocasión me quedo corta, la situación es peor, peor para
miles de españoles que prácticamente están en la indigencia, y no es
exageración no.
Ya no hay inocencia ni confianza que valgan, no nos dejan un
mínimo resquicio para la esperanza, solo está la fea y cruda realidad, la que
nos despierta cada mañana, la de unas leyes hechas con el único propósito de
favorecer a los poderosos, y otras existentes que estando bien nunca se
cumplen, sin que nadie reclame por el incumplimiento. Últimamente y de un
plumazo todo el estado del bienestar del que hemos disfrutado unos años, que
aun sin ser perfecto era aceptable, si lo comparamos con el que nos están
dejando, se ha derrumbado, mejor dicho lo han dinamitado, los más torpes, e
ineptos políticos que nos han tocado en suerte para desgracia, nuestra.
Nuestros jóvenes se nos van, y no precisamente por su gusto,
no, es su país el que los repudia, después de haber invertido mucho en su
preparación, otros países se beneficiaran de sus talentos. El estado español,
sin el más mínimo remordimiento, los lanza a la ventura de no sabemos qué.
A los que peinamos canas hace tiempo, este estado de cosas, nos
trae recuerdos no gratos de mucho tiempo atrás.
En el siglo 19 barcos repletos de españoles llegaban a Buenos
Aires, y se repartían por todo el país. Los pioneros fueron los gallegos, y por lógica los primeros en enraizar
en otros mundos, aun hoy, los que más emigran siguen siendo los gallegos,
seguidos por jóvenes de todas las regiones. En
el siglo pasado sobre todo en los
años sesenta el destino principal era Alemania. Muchos consiguieron llevarse a
sus familiares más allegados mujer e hijos, y también hermanos o incluso amigos, otros, los más jóvenes, la formaron
allí.
Años más tarde España paso de ser país emisor, a receptor.
Esta funesta crisis demoledora, y malísimamente gestionada, nos ha devuelto al
pasado. Hoy día miles de jóvenes están haciendo el mismo recorrido que sus
antepasados, se están dispersando por todo el mundo, Otra vez Argentina es
receptora, entre otros muchos países. Hay una gran diferencia entre los
españoles de hoy y sus antecesores, estos están mejor preparados, sin ninguna
duda son “la generación mejor preparada” de
la historia de España. Los mejores talentos estarán al servicio de otros países
que seguro los sabrán valorar.
De todos los que se fueron buscando mejorar su futuro, muchos
jamás volvieron, quizás porque ya no tenían ningún lazo afectivo, o por el
miedo a recordar lo dejado atrás. Otros volvieron tras largos años, para
comprobar con pesar, que el pasado no vuelve, que muchos de sus seres queridos,
y amistades ya no estaban, que su ciudad había cambiado tanto que ya no la reconocían.
Sintieron en sus carnes la punzada que da el comprobar que la vida sigue aunque
tú no estés, que quizás nadie los echo de menos. Sintieron la duda de si no
habría sido un error su sacrificio. Ahora se sentían un poco de ninguna parte,
desubicados, ni de allí ni de aquí. Y es que la vida siempre sigue, contigo o
sin ti
Siglo XXI, lo que nadie podía pensar hace unos años ha
llegado, estamos caminando así atrás (y
sin máquina del tiempo, ni nada) retrocedemos a años luz. Seis millones de
parados, miles de familias desahuciadas, abuelos que a duras penas pueden con
lo que les está cayendo, sus humildes casas se han convertido en hostales
repletos con derecho a comida, solo pueden malvivir. Todo un caos, a una edad
en la que lo que necesitan es descansar de una larga vida de duro trabajo. ¿Qué
sería de este país sin la ayuda de los abuelos? ¡¡Sin duda una revolución!! El hambre
no espera.
Infames recortes en sanidad, educación, investigación, (ninguna de ellas debería ser tocada nunca
si no es para mejorarlas). Se están sucediendo una serie de dramáticos
episodios dignos del gran Dikens.
Nuevas familias desestructuradas padres sufriendo por el
porvenir de sus hijos, cuando pensábamos que les habíamos dejado un futuro mejor
que el nuestro, craso error. Y el siempre presente miedo de no volver a verlos,
afortunadamente con las nuevas tecnologías se les hará más llevadero, pero para
unos padres es muy duro tener a los hijos tan lejos. Por otro lado hay que ser generosos y darle
la máxima ayuda y la máxima libertad para que se labren su futuro aun lejos de
nosotros, así demuestran los padres la generosidad para con sus hijos. Es lo
que toca.
No es lo mismo, emigrar por el gusto de ampliar
conocimientos en otros países, que por no poder trabajar en la tierra de uno, o
como mínimo en el país al que se pertenece, cuando ni siquiera apetece, o
incluso se tiene miedo a no saber adaptarse a otras costumbres e idioma.
Creo que era por los años setenta cuando el gran cómico “Josele” nos hizo reír, con su monólogo dedicado
a los que llevaban años fuera, alentándolos a volver “Antonio vente pa España” ahora en su nuevo espectáculo dice
emulando aquel: “pa España ni se te
ocurra” ¡que arte!
Bromas aparte, pues la cosa es más que seria y triste, la
inmigración es una lacra vergonzante para cualquier país que se precie, es el
fracaso de unos malos gobernantes, que nos estafan y nos mienten, sin que
ninguno page por sus mentiras y por su mala gestión.
El gran problema de las mayorías absolutas es que tienen “patente de corso” y ya no razonan ni
admiten otras enmiendas más razonables que vengan de otros partidos, o de gente
mucho más preparada e inteligente, que las hay, solo que no tenemos la suerte
de que esos talentos sean los que lleven las riendas de este nuestro país.
Cuando el pueblo que lo ha votado se da cuenta ya no hay remedio, tampoco hay
mecanismos para obligarlos a marcharse por incumplimiento de contrato. El
castigo es esperar hasta las próximas y a seguir viendo como los despropósitos,
y el desmantelamiento del estado sigue aumentando. Lo dicho retrocedemos en
muchos años, ¿Quién paga? Como siempre los más débiles.