sábado, 18 de junio de 2022

JORNADA DE REFLEXION.

 
Hoy 18 de junio, jornada de reflexión. Mañana los andaluces y andaluzas tenemos el deber de ir a votar, un acto que durante muchos años a los que hoy peinamos canas, se nos negó, vivíamos en una dictadura, solo a la muerte del dictador, se arreglaron las cosas y consiguieron no sin esfuerzo y cediendo las izquierdas, más de la cuenta, una constitución, y legalización de partidos que estaban proscritos.

Ya ha llovido desde entonces, y lógicamente con los años cada vez observamos las muchas lagunas e incongruencias que aquella Constitución llevaba implícita, no olvidemos que se hizo con mucho miedo a enfadar al ejercito, y a que estos llevados por su natural patriotismo trasnochado, les diera por sacar los tanques a la calle como ya ocurrió con el fallido golpe de estado de Tejero, al que sus propios compinches, incluido el que después quedo como salvador, (según dicen algunas fuentes) dejaron colgado. 

En cualquier país democrático y europeo, las constituciones, se modifican, cuando viene al caso, por la sencilla razón de que los tiempos cambian, los ciudadanos también, y si la actual se ha quedado obsoleta, pues no pasa nada, se cambian los artículos que requieran modernizarse y aquí paz y después gloria. Esta la cambiaron con nocturnidad y alevosía, Zapatero y M. Rajoy para que primara el pago de la deuda sobre el interés social del Estado, y no le preguntaron a nadie.

Después de estas reflexiones de las que estoy segura compartís la mayoría, por haberlas vivido, y porque en tardes calurosas, donde el cuerpo te pide estar tumbado a la bartola, y cansada ya de descansar, y un poco, porque no decirlo, aburrida, me he puesto a escribir un poco como se dice al tun, tun, para ver que salía. 

Bueno como dice el titular, hay que reflexionar, yo no tengo que hacer ese trabajo mental, porque lo tengo muy claro, en realidad siempre lo he tenido claro mucho antes de ir a ejercer mi derecho al voto, siempre he sido de izquierdas, me viene con los genes.

Hoy no voy a decir a quien votare mañana, entre otras cosas porque los que me conocéis o leéis ya lo sabéis, lo he puesto varias veces. Tampoco voy a pedir el voto para nadie, por respeto al día de reflexión. 

Pero si quiero, (esto es hablar por hablar) como el programa de radio, al que ya le cambiaron el nombre. 

Recordar, que al reflexionar, tengan en cuenta los logros que a lo largo de la democracia se han conseguido, y los que aún quedan por solucionar. Espero, que los ciudadanos se hayan informado bien, de cuáles son los partidos que han conseguido mejoras sustanciosas para los trabajadores, las cuales estoy segura, ampliarán, respetarán las leyes aprobadas y las mejorarán. 

Y espero también que recuerden, a los partidos, que no solo han votado en contra de dichas mejoras, sino que han prometido derogarlas nada mas entren en el gobierno. 

Donde gobiernan “supuestamente” han malversado el dinero público, y están dándole a ganar a la sanidad privada, lo que recortan de la pública, y esto ya no es supuestamente esto es verídico, están mandando aquí en nuestra Córdoba a un hospital “privado” a los pacientes para hacerse pruebas que corresponden a la pública, con el achaque de aligerar las listas, y digo yo, si ese dinero lo emplearan en la pública no serian las listas tan largas, pero echando al personal a la calle y recortando en material, están claras sus pretensiones, que no son otras que desmantelarla del todo, y eso sería como mandarnos al patíbulo, cualquiera se paga un tratamiento de cáncer o cualquier otra enfermedad u operación, sin la menor duda nos moriríamos sin remedio. 

No quiero  seguir con estos personajes, porque la lista de despropósitos que llevan algunas en sus programas, da una grima, que pa que, y la lista sería larguísima, y me estoy cabreando más de lo que mi salud me permite, ¡¡que coño!! 

No es de recibo que a estas alturas del siglo XXI dejemos que unos cuantos cavernícolas, tiren por tierra el trabajo y el esfuerzo, de tantos años, el derecho de ser cada cual lo que quiera ser, sin trabas ni señalamientos, a poder adoptar las parejas mono parentales que lo deseen, a que las mujeres puedan abortar sin que sus padres las obliguen a una vida de sacrificios y para la que no están preparadas, o simplemente no lo desean. 

¿Por qué hay gentes que se creen con derecho a decidir sobre otras? 

Es muy importante para mucha gente que sufre la Ley de la “eutanasia” recientemente aprobada y que partidos conservadores la han recurrido, (esto es de locos)  porque tampoco esta es obligatoria. Es, o no es demencial. 

Ya termino, porque ahora si necesito echarme un rato, ya me está molestando mi odiada espalda. 

Solo espero que, las encuestas se equivoquen, que los ciudadanos se vuelquen y cumplan con su deber cívico de votar, y que lo hagan con el conocimiento suficiente, de no votar contra sus propios intereses. 

Buenas tardes y mucha suerte. 

domingo, 10 de abril de 2022

DOMINGO DE RAMOS, QUIEN NO ESTRENA SE QUEDA SIN MANOS.

 

Cuidado que tontería mas grande, los que sois de mi quinta lo tenéis que saber, afortunadamente ya apenas se oye, como no seamos las abuelas, que aun recordamos aquellos tiempos.

En mi casa por suerte mis padres no eran creyentes, tenían que entrar por el aro de que a sus hijos, los adoctrinaran en sus respectivos colegios, ya saben, las niñas con las niñas, los niños con los niños, faltaría más. 

Mi madre a pesar de no creer, seguía con las tradiciones culinarias, mas por respeto a sus padres que por creencia que era nula. Por ejemplo; los viernes santos, se guardaba la vigilia, ya ves tú qué cosa, cuando en la casa de los pobres que apenas se comía carne, en mi casa algún que otro domingo caía alguna gallina de las que mi padre criaba, para abastecernos de los nutritivos huevos, y cuando dejaban de poner ya por viejas, esas pobres iban derechas al matadero, y poco ricas que las guisaba mi madre,  se cambiaba la carne por bacalao o verduras, y los postres de esa semana solían ser natillas con galletas, o arroz con leche. A pesar de esas costumbres que pasaban de madres a hijas, en mi casa se criticaba la hipocresía de la iglesia cobrando por comer carne, un impuesto que como todo lo de la religiones se inventaron ellos con el único afán recaudatorio, a ellos siempre los mueve el dinero, al cobro por no “pecar” lo bautizaron con el nombre de “bula” y que algunos ricos la pagaban muy ufanos solo para que se supiera que ellos si podían pagarla pavoneándose orgullosos, cuando en realidad a ellos no les hacía ninguna falta comer carne precisamente porque lo hacían con asiduidad. 

Volviendo al domingo de ramos, mi madre siempre nos compraba aunque fuera unos calcetines o un lazo para el pelo, daba igual, las niñas y niños queríamos estrenar algo para no ser menos que las demás, en fin que las pobres madres, hacían un esfuerzo y siempre caía algo. Tengo un bonito recuerdo de un año, que estrene un vestido, y mis hermanos una camisa cada uno, eso era algo poco común, en esas fechas y en cualquier fecha, no nos vayamos a engañar. Poco contentos que estuvimos ese domingo de ramos. Mi madre era la que se encargaba de llevarnos a ver las procesiones, a pesar de no creer, no quería que nos perdiéramos esa distracción que además era gratis, las calles se llenaban de gentío, y las/os niños lo pasábamos muy bien, nos íbamos a las cinco calles que pasaban unas cuantas, con las sillitas de anea, y tan contentas, juagábamos mientras no venían y nos sentábamos cuando pasaban por delante, yo me escondía detrás de todos cuando pasaban los caballos, tan cerca me daban pánico, los veía tan imponentes que me impresionaban. Después la costumbre era pedirle al nazareno, una poquita de cera, con la que después formábamos una bola para jugar, cualquier cosa era buena para distraernos.

Recuerdo que los jueves y viernes santo, nos llevaba mi madre junto a las demás amigas al muro de la Mezquita la que da al obispado, allí nos plantábamos muy temprano para coger sitio, el obispo salía al balcón cuando pasaban los pasos. Con la ultima nos volvíamos a casa por la rivera con nuestra sillitas cada uno comentando lo que habíamos presenciado. Algunos años llovía, y se nos fastidiaba la distracción, los años que hacia bueno era muy agradable pasear de vuelta por la ribera, con aquellos enormes arboles, y beber agua en la hermosa fuente ya desaparecida, y que tanas noches de verano íbamos paseando después de cenar por tomar el fresco y llenar las mujeres sus cantaros y botijos pequeños las niñas, no recuerdo que vinieran ni niños ni hombres, parece que solo era cosa de mujeres, ellos se lo perdían.

Así pasábamos en mi niñez la llamada Semana Santa.

martes, 5 de abril de 2022

TARDES DE CLIk

 

 

 Cuando Claudia y Alejandro, mis primeros nietos, eran pequeños, y pasaban algunas tardes en casa, les tenía preparada una caja llena de “Click de Famobil”, que pertenecieron a su padre, mi hijo Paco, con los que jugó no solo él, también su hermano Gabriel.  Me costó trabajo encontrarlos, entre tanta caja de recuerdos y ropas, habían pasado muchos años, pero por fin los encontré y los puse un rato en mistol con un poco de lejía, los lave muy bien, y como nuevos. Pocos juguetes duran tanto como estos pequeños “click” a los críos les gustan mucho pues al ser articulados los pueden sentar, montar en los caballos y coches.

 A Claudia le hicieron mucha gracia, se pasaba toda la tarde jugando a las casitas, le enseñe a distinguir a los chicos de las chicas, pues la diferencia es mínima, también había niñas y niños, y no faltaba una abuelita con pelo blanco moño y gafas, un señor de color negro, y uno con pelo y barba blanca, que la niña decía que era el abuelo,  caballos y vacas, perros, cerdos, una ovejita, restos de una granja, restos de un salón del lejano oeste, unas sillas, un banco, unos cuantos baúles y maletas, otros cuantos del “barco pirata” otros del “fuerte” y del “salón”, un pirata de pelo y barba roja otro con pata de palo, incluido el parche en el ojo, sombreros de vaqueros, vallas de la granja, y restos de casas. 

La imaginación de los niños enseguida se pone en marcha, con rapidez Claudia organizaba a los papas y mamas, el colegio para los niños, el profesor (su maestro Jorge) los abuelos (la señora de pelo blanco y el señor  negro) sentados en el banco del parque, y como no podía ser menos, busco con que hacer una cama, y con que taparlos, con un poco de ayuda por mi parte lo conseguía rápidamente, los acostaba después de bañarlos y darle la cena. Estos esfuerzos se veían interrumpidos de vez en cuando por Alejandro más pequeño, que le destrozaba todo su esfuerzo, pero es tan buena que solo protestaba un poco, y volvía a poner todo en su sitio y seguía jugando. 

Ahora también los usan Enara y Noah, los benjamines de la familia, que también los disfrutan, aunque no tardaran en abandonarlos por otros juguetes mas acordes a sus edades, es la vida la que se impone. Sin apenas darnos cuenta, un día los vemos mayores, sus conversaciones y sus gustos han cambiado, por un lado nos da pena, por otro nos sentimos felices de verlos crecer tan rápido, imagino que a ellos les pasara igual, nos miran y pensaran mi abuelo, mi abuela se ven muy mayores, ¿cuándo cambiaron y como no nos dimos cuenta?   

Sé que pronto los clik serán limpiados y guardados con esmero, para la próxima generación que yo ya no veré, pero ellos estarán ahí, inmunes al tiempo, como nuevos, verán caritas nuevas y otras pequeñas manos los manejaran a su antojo, y los querrán y cuidaran. 

Pasaran muchos años y los mismos juguetes que sirvieron a la primera generación, seguirán alegrando, los ratos de ocio de las siguientes, los hijos, de mis nietos, de los que mis hijos serán los abuelos y asi sucesivamente, los  descendientes, disfrutaran viendo a sus nietos jugar con la misma ilusión con la que nosotros lo vivimos.

 

Larga vida a los Clik.

viernes, 31 de diciembre de 2021

 

2.022 COMENZAMOS AÑO.

 

Mañana comenzamos un nuevo año y parece que fue ayer cuando llegamos al 2.000 ¡dios! y en un plis plas, han pasado 21 sin apenas darnos cuenta, y ya comenzamos el 2022 que se nos pasara igual de rápido, porque si algo tiene cumplir muchos años es que el tiempo no corre, vuela.

 

Vamos para dos años del comienzo de la terrible pandemia que nos está jodiendo la vida, y que nadie esperaba, primero nos diezmo la población, especialmente de personas mayores.  Los primeros casos fueron detectados en la ciudad China de Wuhan en un primer lugar se conoció como neumonía de Wuhan, al no tener datos y ser algo desconocido. Si escuchábamos algo en los informativos ni siquiera le hacíamos caso, China quedaba muy lejos, porque nos íbamos a preocupar. A último de enero la Organización Mundial de la Salud dio la voz de alarma y la declaro emergencia de salud pública de importancia internacional, y poco a poco se fue extendiendo como la pólvora.

 

Aquí nos confinaron a mediados de marzo, curiosamente a los dos días de comenzar yo mi tratamiento del cáncer, por eso nunca lo olvidare. El confinamiento fue más que traumático raro, ya que desde las ventanas veíamos las calles vacías de gente y de coches, era como estar viendo una de esas películas de ciencia ficción raras, apenas salíamos a comprar lo justo, o encargábamos la compra, nos quitábamos los zapatos y desinfestábamos las suelas con el espray de agua con lejía, y pasábamos a lavar toda la compra con lejía rebajada en agua. Ese era el ritual casi a diario, aunque procurábamos salir lo menos posible, bueno en realidad yo en esas fechas nunca baje a comprar, mis únicas salidas eran al hospital, Paco no me dejaba por estar con el tratamiento, y no muy bien sicológicamente. No sé que hubiera hecho sin él. Gracias cariño.

 

Después de muchas subidas y bajadas del dichoso virus, que sea permitido el lujo de burlarse de todos incluidos los científicos mutando cada vez que se le antojaba, llegamos a los dos años, y seguimos en guerra contra el maligno, y gracias a los profesionales de la ciencia que en tiempo record han tenido varias vacunas que están salvando muchas vidas, y a los grandísimos profesionales de la sanidad pública que por fortuna tenemos en este país, a pesar de que el gobierno anterior la desmantelo dejándola prácticamente en mínimos, favoreciendo a la privada, como es la costumbre de la derecha.

 

Dicho esto, quiero comenzar el año con mis mejores deseos para todo el mundo, sería bueno que estos dos años de desastre pandémicos, nos hubiera hecho mejores personas, pero no nos equivoquemos, no ha sido ni será así, somos lo mismo de egoístas, de individualistas, y gozamos de una gran falta de “EMPATIA” para con los más necesitados y débiles.

 

Los más poderosos, quieren serlo aun más, y no son nada solidarios ni tan siquiera con el único fin de acallar sus conciencias. Los que aun con trabajos normales tienen lo suficiente para vivir sin aprietos, solo piensan en ellos y que nada ni nadie los perturbe. Los que aun teniendo varios trabajos les cuesta llegar a fin de mes, piensan sin ningún motivo que los emigrantes vienen a quitarles el trabajo, cuando en realidad en todos los países hacen falta trabajador@s, incluido acrecentar la población, porque de no ser así no habrá pensión para la generaciones venideras, ya es una realidad que son imprescindibles en muchos trabajos.

 

En definitiva que los seres “humanos” nunca aprendemos de las desgracias, al principio salíamos todas las tardes a las 8 aplaudir a los médicos y sanitarios, (muchos perdieron la vida) los que no, han vivido cosas terribles viendo sufrir y morir a mucha gente lejos de sus familias sin poder hacer nada, eso no está pagado con nada. Ya nos hemos olvidado de todo el sacrificio que han hecho, no, no aprendemos.

 

Mi máximo deseo es tener salud y ver crecer a mis nietos, si no fuera así, tampoco pasa nada, he tenido la suerte de tener cuatro soles de nietos, yo no llegue a conocer a ninguno de mis cuatro abuelos en eso tuve mala suerte, mis amigas siempre hablaban de los suyos y yo sentía envidia. No me quejo, ya he vivido diez años más que mi madre, y otros no han tenido la suerte de llegar a los 74 que cumpliré en marzo si la vida me lo permite, ya que no creo ni en milagros ni en dios, ni en el más allá de otra supuesta vida, creo en la ciencia que salva vidas, y en la sanidad en general, en las buenas personas, siempre he sido positiva y a la vez realista, creo que no está reñida una cosa con otra.

Ojala que el año que comenzamos sea mejor que este y el anterior, que to@s tengan trabajos dignos, salud, y mucho amor, amor de toda clase pareja hijos y nietos, amigos, compañeros y amor a los que sufren.

Que los que mueven el mundo desde sus despachos piensen en el daño que pueden hacer con según que actuaciones. Y estaría más que bien, que los que mueven los hilos en el Vaticano, cambiaran su ambición desmedida, y comenzaran a dar en lugar de acumular, (aunque sinceramente eso creo que yo no lo veré, es casi ciencia ficción).

Intentemos ser mejores personas, aunque solo sea por nosotros mismos. Un fuerte abrazo extensivo a tod@s y que la suerte nos acompañe.

 

FELIZ AÑO 2.022

 

jueves, 19 de agosto de 2021

AYER PASE POR MÍ CASA

 

 

Después de muchos años de habitar en otras tierras, de pasear por otros parques, de admirar otros paisajes, de escuchar otros acentos, y de confraternizar con otras gentes, después, mucho después, regresé a mi tierra, a la ciudad que me vio nacer. Una ciudad hermosa y rica, no en riqueza material, sino en riqueza cultural, es decir en historia. La ciudad donde nací, fue Córdoba, llamada “romana y mora” pero fueron muchas las civilizaciones que pasaron por estas tierras. Y como suele ocurrir siempre, todas dejaron reductos de un pasado glorioso. A todas esas huellas  las llamamos “historia”.

Por suerte hay cosas que el dinero no puede comprar, y una de ellas es la historia. La historia se tiene o no se tiene, ni se compra, ni se vende. Con la historia pasa como con los recuerdos que están dentro de nosotros para siempre, nadie nos los puede arrebatar, ni sacar de nuestra mente, son exclusivamente nuestros e intransferibles. Es cierto que de un mismo hecho cada persona tiene un recuerdo distinto, algunas veces son coincidentes pero otras muchas no, es muy común, que cada persona recuerde el mismo hecho desde su percepción. También es muy cierto que cuando somos niños todo lo magnificamos, después con el paso de los años, lo vemos de muy distinta manera, a mí personalmente me ha ocurrido.

Tras descansar del largo viaje, y después del desayuno, un café bien cargado, y una rica tostada de pan con aceite, el cual saboree como el mejor manjar del mundo, respiré hondo y me sentí feliz por haber retornado a mi tierra, a mis raíces.

Ya durante el desayuno, se fueron avivando mis recuerdos como brasas azuzadas por soplillo, estaba inquieta, no podía perder ni un minuto más, tenía que terminar y salir a la calle sin más preámbulos. Tampoco tenía demasiado tiempo, había querido venir sola, pero mi familia y mis obligaciones laborales en otro país me reclamaban, aunque estaba a punto de jubilarme, aun tenia obligaciones ineludibles que cumplir. Tenía pues que darme prisa si quería que mi cuerpo y mi mente se encontraran con la Córdoba que yo recordaba, necesitaba a toda costa rememorar el pasado, antes de olvidarlo definitivamente. Era algo que por alguna razón sentía que me urgía hacerlo y pronto. Quizás era un mal presagio, o quizás solo era añoranza, lo cierto es que había seguido mis impulsos, y aquí estaba yo en mi Córdoba sola con mis recuerdos, en la ciudad que me vio nacer, y la ciudad de mis ancestros.

Salí del moderno hotel donde me alojaba, donde estuvo el antiguo “Hotel Palace”, mucho más bonito por dentro que por fuera, todo hay que decirlo. Del hotel, a la que fue mi casa, solo había un agradable paseo y yo estoy acostumbrada a andar, y hacerlo por mi ciudad después de tantos años era un verdadero placer. Atravesé todo el centro y me dirigí hacia la Plaza de Capuchinos, estaba igual de austera y bonita que siempre, la crucé y la saboree andando despacio rememorando antiguos paseos. Baje por la Cuesta del Bailío a  la que fue mi calle.

 

En el lugar donde estuvo mi casa, habían hecho un hotel, “Hotel Alfaros” ponía en su rótulo, no podía ser de otra manera estando en la calle Alfaros. Interiormente me derrumbé, me encontré tan mal que tuve que entrar en el hotel y buscar el bar, me senté y le pedí a una atenta camarera que por favor me sirviera una tila. Poco a poco me tranquilice en parte por la tila, en parte porque fui recapacitando, y adaptando mi mente a la realidad. Lo que yo había pretendido no era normal, había estado engañándome a mi misma durante los últimos años, queriendo creer que todo iba a estar igual que cuando nos fuimos mi familia y yo.

Como he dicho antes, por alguna razón que se me escapa, había sentido la necesidad de reavivar  mis recuerdos antes de mi último adiós, pues tenía la certeza de que aquella sería la última vez que pisaría mi tierra, no me pregunten por qué pues no lo sé, llamémosle premonición.

La chica desde que entré se dio perfecta cuenta de mi estado de ánimo, se me acerco muy atenta y me dijo si no prefería sentarme en la terraza del patio, que era mucho más agradable y fresca, le di las gracias por ser tan atenta y seguí su consejo, deje los hermosos y elegantes salones. Me dirigí hacia donde me había indicado la joven. El patio era moderno con una bonita piscina o estanque no me fije demasiado, el patio rodeado de numerosos macetones de barro de grandes dimensiones que albergaban hermosas plantas de diferentes variedades, algunas de ellas también las teníamos en mi casa. El toque verde le daba al espacio un toque de armonía y frescor de lo más agradable. Las mesas y los sillones eran modernos y cómodos, de fondo una suave melodía, inspire hondo, y empecé a sentirme a gusto, y ya más relajada, comencé a recordar sin rencor.

Con la imaginación, traté de ubicar en qué lugar de esta nueva casa podrían haber estado las antiguas habitaciones de mi casa, y como no los patios, tan distintos a este tan perfecto y cuidado, aunque en su sencillez no eran menos agradables. En mi casa había cuatro familias que compartían la casa. Querer ubicar el sitio exacto de las antiguas dependencias era tarea  ardua de la que desistí rápidamente, pues me di cuenta de que el hotel no solo estaba ubicado en la que fuera mi casa, sino que había sido ampliado varias veces en terreno de varias de las antiguas viviendas de vecinos, e incluso de lo que fue el huerto de Santa Marta. Luego era una tarea imposible, desistí y me conforme con retroceder en el tiempo.

Los recuerdos se me amontonaban queriendo salir todos de golpe. Por unos momentos pensé que no sería capaz de ir por orden pero de pronto llegó hasta mí un delicioso olor a carne, que enseguida clasifiqué como el del “rabo de toro” que hacia mi madre, o la de “carne de ternera o gallina en pepitoria”, que así le llamaban en aquella época. El delicioso olor me transportó a la cocina de mi casa, aquella gran cocina de la que recuerdo como salían voluptuosas humaredas perfumadas de intensos olores a diversas especias, que ponían en movimiento las glándulas salivares. Otro de los gratos recuerdos eran los murmullos de las conversaciones de las mujeres contándose sus cuitas. Los bonitos delantales que usaban, confeccionados por ellas mismas, con restos de telas armonizando los colores, (por encima de todo, la coquetería femenina).

 

El pozo de agua cristalina de donde se sacaba toda el agua para lavar, guisar y regar los patios. El sonido que las mujeres hacían al restregar una y otra vez la ropa. El olor del jabón y de la lejía, la suavidad del agua, la espuma que se iba formando con la que jugábamos. Los negros trozos de carbón que ponían en los huecos de los fogones donde se hacia la candela, ayudándose de un soplillo que avivaba la misma, transformándolos de un negro intenso a un rojo vivo, para más tarde transformarse en un gris mate y mustio. Sobre ellas se iban haciendo las comidas. Todo el laborioso proceso se hacía entre risas, conversaciones acaloradas y los susurros de las  confidencias entre féminas. De fondo los gritos y voces de los niños jugando en los patios.

 

Como si se tratase de un documental antiguo visualice en mi mente el comedor, aquel sitio acogedor donde pasábamos muchas horas sobre todo en los largos inviernos.

Aquella mesa cuadrada de madera oscura, seis sillas compañeras, un aparador con espejo, y un par de mecedoras de “rejilla” ese era todo el mobiliario, por otra parte suficiente. Encima del aparador vi un frutero de cristal tallado de color verde y unas tazas de porcelana finísima, que a mí me encantaban y que mi madre guardaba como oro en paño pues eran herencia de la suya, y no quería que se rompieran ya que formaban parte de sus recuerdos. Ahora la comprendo mejor, era la huella tangible de su pasado, lo único que le quedaría cuando la memoria le fallase.  

Desde el hermoso ventanal del dormitorio de mis padres, donde me gustaba asomarme, veía el cielo, y los tejados de la parte más baja de la casa, y a los perezosos gatos que se encajaban entre las tejas para dormitar, otros observaban atentos a la caza y captura de algún pequeño ratón, o rondando a las gatas en época de celo.

Las lagartijas se paseaban a sus anchas por tejados y paredes. Los pájaros deambulaban buscando también su sustento entre las pequeñas hierbas frescas que brotaban entre los huecos de las tejas.  Cuando algún gato se acercaba sigiloso hacia ellos, estos alzaban el vuelo en estampida sin ser alcanzados.

Cuando los niños jugábamos en los patios cuyo suelo era de cantos rodados, entre las piedras podíamos seguir el itinerario de las filas de hormigas hasta llegar a su hormiguero.  En aquellos suelos había toda una fauna para distraer nuestra curiosidad, podíamos ver a las que llamábamos comúnmente “mariquitas” rojas con lunares negros. y las “marranitas” eran grises y al rozarlas se hacían una bola, y los “cortapichas” o “nazarenos” sus nombres científicos no nos interesa ya que no figuran en el libro de mis recuerdos. Nuestra curiosidad  iba en aumento a la vez que aumentaban nuestros años.

En los veranos era costumbre sacar cada vecino su cómoda silla de enea, para sentarse en los patios, a disfrutar de su frescor, pues al atardecer todos los días era obligatorio su regado. La noche en el patio principal después del largo y caluroso día era mágica para mí que siempre aprendía muchas cosas. Animado por las improvisadas tertulias con división de opiniones que eran la sal del debate, con lo que resultaban ser muy amenas. Mientras los niños y niñas de la casa jugábamos a la vez que escuchábamos atentas algunas conversaciones que nos llamaban la atención, con esa capacidad que tienen los niños para “estar en misa y repicando” como decía mi madre.

En verano, mi madre llenaba un baño con agua del pozo y lo ponía al sol en el patio durante unas horas, cuando pasaba la siesta ya era la hora del baño, y os puedo asegurar que el agua estaba a la temperatura perfecta para un baño tan relajante como cualquiera de los que ahora disfrutamos.

No menos agradable era el baño en invierno, éste se hacía en la habitación que tuviera más espacio. Mi madre ponía una olla grande en la candela, cuando a punto de hervir la vaciaba en el baño, añadiendo agua fría hasta conseguir la temperatura adecuada. Todavía puedo sentir el olor tan agradable y duradero que dejaba en mi cuerpo, el jabón “Heno de Pravia” con el que me enjabonaba mi madre. Ella tenía la costumbre de calentar la ropa interior en el brasero, sobre unas enjugaderas de mimbre, los días de mucho frío, y además de calentita estaba perfumada, pues mi madre se encargaba de echar sobre las brasas un puñado de alhucema, nombre árabe, también llamada Espliego o Lavanda. Cuando salía del agua con las yemas de los dedos arrugaditas, y ella me secaba amorosamente, como sólo una madre sabe hacerlo,  me ponía la ropa caliente e impregnada de aquel olor tan agradable que ha perdurado a través del tiempo.

 

Ya más tranquila decidí salir a la calle, no sin antes dar las gracias a la amable y guapa señorita que tan amablemente me había atendido. Camine en dirección hacia mi antiguo colegio donde aprendí y pase grandes momentos de mi vida. Baje por la calle San Pablo, a San Andrés, pasé y entre, en la conocida como “La casa Encantada” como le llamábamos por su leyenda, pero en realidad es “La casa de los Villalones” su magnífica fachada de estilo renacentista, ha sido recuperada para disfrute del pueblo. Detrás de ella un bonito jardín y la también restaurada Sala Capitular del convento de San Pablo, cruzándolo, salí a la calle Carreteras. Seguí por calle Almonas hasta San Pedro, una de las muchas iglesias fernandinas en Córdoba del siglo XIII que como tantas fue levantada sobre una mezquita, que a su vez se levantaron sobre templos visigodos. Esta Iglesia era a donde nos llevaban las monjas muy a menudo, sería sin duda por su cercanía.

Enseguida estuve en la plaza del colegio, me senté en un banco a contemplarla, en verdad que era hermosa, el colegio estaba en la antigua casa de los Aguayo, “Las Francesas” era el nombre del colegio, ahora se llama “De La Sagrada Familia”. La Plaza de Aguayos, preciosa plaza con una talla de San Rafael rodeada de una bonita reja, la plaza tiene varias casas solariegas o palacetes del siglo XVI, de estilo medieval y renacentista.

Me vi a mi misma saliendo del colegio con mis amigas hablando sin parar, como avecillas volando libres, sintiendo la vida rebullir en nuestros jóvenes cuerpos, rebosantes de alegría, aun no teníamos edad para pensar en el futuro. En estos pensamientos estaba cuando comenzaron a salir del colegio las chicas llenando la hermosa plaza de voces y risas ¡dios mío! Se me estaba pasando la mañana sin darme apenas cuanta. Por un instante me sentí niña otra vez. Era como si no hubiera pasado el tiempo. Por aquellas calles se iniciaron mis primeros coqueteos, con la inocencia que se tiene a esas edades, el despertar de algo que está cambiando dentro de nuestro cuerpo, y no sabíamos muy bien que era, pero nos atraían las miradas de los chicos, y a ellos les pasaba lo mismo. Era la vida en forma de hormonas que estaban en plena ebullición.

Cuando termine de cursar mis estudios, pronto encontré un buen trabajo el cual me ha llevado por diversas ciudades y países. Conocí al hombre del que me enamore y que hoy es mi marido tengo tres hijos, por diversas circunstancias nunca volví a mi tierra, hasta  ahora que sentí  una imperiosa necesidad de volver al pasado, y me dejé llevar por la absurda idea de que todo estuviera igual.

Solo he conseguido rememorar algunos recuerdos que servirán para mitigar mi añoranza, la misma que me ha impulsado a venir, y comprobar que la vida cambia siempre en todos los lugares.

Me paseé por todo el entorno de la Mezquita y entré en ella, allí siempre se respira una paz inigualable. Entré para perderme por su bosque de altaneras columnas. Respiré su pasado y me sentí como el árabe que visita su casa, en cierto modo también era la mía, ya que entre aquellas paredes me paseé e incluso jugué muchas veces. Recordé muchos y bonitos momentos, pero algo me decía que era la despedida definitiva. Me alegré de haber regresado, solo por volver a ver esa maravilla ya merecía la pena.

 

Dando por terminada mi visita turística, camine despacio hacia el hotel pues ya el cansancio y las emociones habían hecho mella en mí. La ciudad esta preciosa, y me siento orgullosa de haber nacido en este lugar, pero ya no es la que yo recuerdo, y mi casa, aquella humilde casa de vecinos, en la que fui tan feliz, ya solo está en mi mente y morirá conmigo,  ya nada me retiene aquí.

 

En este viaje he comprendido por primera vez la frase de “El pasado, pasado está” es cierto, nunca lo podremos recuperar, estará en nuestra mente mientras tengamos memoria, pero nunca vuelve, sólo es eso, pasado.

 

 

 

domingo, 25 de julio de 2021

 

POR TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES QUE ARRIESGAN SU VIDA EN BUSCA DE UNA QUIMERA, Y DE LOS DRAMAS PERSONALES DE MILES DE PERSONAS EN LA INDIGENCIA.

 

La otra noche,  en unas horas de insomnio, como tantas otras, acudí a una de mis distracciones  favoritas,  la Radio, en concreto el programa llamado,  HABLAR POR HABLAR, (creo que ya no existe) ahora a la misma hora hay uno muy entretenido llamado el  “El Faro” y los participantes “fareros” que emite  la cadena SER favorita junto a Radio Nacional.

 

En las noches de obligado insomnio, digo obligado por que no es voluntario, viene sin avisar y se queda sin que nadie lo haya invitado, a esa horas casi siempre las mismas, son las que justamente coinciden con el horario de ese ya antiguo programa, que sirve de consuelo y paño de lágrimas a cientos de personas a las que la vida las ha puesto a prueba.  A veces no puedo con el dolor ajeno, y cambio de canal.

 

Quien lo haya escuchado alguna vez, sabe que es un programa donde predominan el sentimiento  y el dolor de muchas personas que solo buscan un desahogo a su soledad, o a sus numerosos problemas. El programa consiste en llamar  y contar  cada cual sus preocupaciones, esperar unas palabras de consuelo, o un buen consejo de algún oyente que haya pasado por su mismo problema. Siempre hay gente que contesta, dándole ánimo o algún consejo. Algunos desde la experiencia de haber pasado por situaciones parecidas.

 

Ciertamente es muy difícil conciliar el sueño, escuchando a tantas personas contar sus problemas, miedos y temores, ya sean temas de trabajo, enfermedades, o de amores y desamores. Es increíble la cantidad de historias conmovedoras que cuentan algunos/as. No cabe duda que la frase “La realidad supera la ficción”, es totalmente cierta.

 

No es ni la primera vez, ni será la última, que algunas historias me han hecho llorar. Por un lado sientes que no debes escuchar algo que te hace sufrir, y por otro, también creo que tener los pies en la tierra, nos hace valorar más lo que tenemos. Ante tanto drama, es difícil no pensar que a veces nos quejamos de vicio, aunque por otro lado, siempre se ha dicho “que mal de muchos consuelo de tontos”,  o “quien no se consuela es porque no quiere”, sin duda frases hechas, que de nada nos sirven, y es que a cada cual le duele lo suyo. Cosa por otra parte más que lógica.

 

Entre otros muchos, llamo una señora mayor que se expresaba bastante bien y con la que me sentí totalmente identificada, nos recordó la reciente y dramática tragedia  de Lampedusa. Un caso que nos han conmovido a toda la gente con “humanidad” por su significado. El naufragio, aunque no es ni el primero ni será el último,  desgraciadamente, es tan conmovedor, que hay que ser muy mala persona para no emocionarse  y al mismo tiempo indignarse porque las naciones no  hagan algo efectivo. El mar con todo su inmenso poder se ha apoderado de una mayoría de ellos, como un gran dragón insaciable, los ha deglutido. Los otros, los rescatados, solo son números. Una verdad horrible y cruel.

 

Otro caso que también mencionó esta amable y educada señora, y que nos ha conmovido especialmente, es el del chico polaco, al que al parecer no le atendieron en el hospital  como lo que era, un moribundo. Y que murió pocas horas después en un comedor social en espera de un plato de comida caliente que llevarse al estómago.  Y en esas falleció, sin consuelo de nadie, pues imagino que los demás estarían impacientes en la cola, por la misma urgente necesidad.

 

Yo me pregunto, ¿Qué clase de médico deja a un paciente en esas circunstancias? una persona, que se encuentra tan mal y que según los datos pesaba treinta kilos, ¡Por dios bendito! ¿Qué fue lo que no vio ese médico?  Que los medios con los recortes escasean, vale, y que seguro que tienen órdenes especificas para los inmigrantes, no lo dudo, pero el deber de un medico es ayudar sobre todo a personas cuyo estado es tan lamentable, que es inhumano dejarlo tirado en la calle, como a un perro callejero.

 

En este caso, y siempre desde mi punto de vista, hay una clara culpa no solo de las infames restricciones causadas por esta crisis, que por cierto, no la hemos creado nosotros, como querían hacernos creer, también ha habido una gran falta de humanidad, por el personal responsable del hospital. Y a eso precisamente se refería la citada señora, a la falta de esa empatía que se está apoderando de nosotros, a ese no querer saber nada de los problemas de los demás.

 

Hoy he escuchado en las noticias unas palabras del famoso por bonachón “Padre Pateras” que de esas historias sabe un montón, sin duda más que nadie. El buen hombre, dijo con toda la razón (que lo injusto son las normas y leyes que prohíben a cualquier persona que socorra o de amparo en su casa a cualquier sin papeles, bajo pena de multa). Algo fuera de toda lógica humanitaria, leyes que sin duda él no sigue, son muchas las personas que lleva acogiendo en su propia casa, desde hace bastantes años. Imagino que ahora estará desbordado, sin duda este buen señor si practica el auténtico cristianismo.

 

Pensad por un momento (yo ya lo hago siempre), que ese chico podía haber sido un hijo mío, o vuestro.  Sin duda se ha tenido que sentir muy solo, y perdido en un lugar del mundo, lejos de familia y amigos, y que por alguna razón no ha tenido suerte, no todos la tienen. Cuántos miles de jóvenes bien preparados están emigrando diariamente. Los que se van con contratos, mucho mejor, pero todos sabemos que una gran mayoría se van a la aventura. Cuántos de ellos tendrán suerte, y cuántos se verán solos y desprotegidos. Afortunadamente no es el caso más común, que nadie se alarme.

 

Estamos sufriendo una crisis mucho peor que la monetaria, para mi mucho más grave, es la de la insensibilidad  por los  más desvalidos. El pasar de largo, para que no nos salpique. ¡Mientras que no nos toque! El cerrar los ojos ante tanta injusticia.

 

Desde este mi humilde blog un gran abrazo solidario, para todos los que buscando un futuro mejor se aleja del hogar que los vio crecer.

 

 Mucha suerte para todos.

 

En fin que esto es HABLAR POR HABLAR, o reflexiones de una madre y abuela que no quiere para los demás lo que no quiere para los suyos ni para sí misma.

 

 

 

 

 

sábado, 10 de julio de 2021

CARTAS A OLIVIA. SERIE RETAZOS.

 

RETAZOS

CARTAS A OLIVIA

Julia era una mujer madura de apariencia aun joven. Vivía sola y trabajaba de secretaria en unas grandes oficinas, Julia, estaba muy preparada ya que además de su carrera, sabía varios idiomas, era muy formal y trabajadora.

 Para los compañeras/os Julia, era “una tipa rara” o eso era lo que decían de ella a sus espaldas, y en parte llevaban razón, ya que procuraba aislarse lo más posible del resto, al parecer amaba demasiado la soledad y su privacidad. Cumplía a la perfección con su trabajo, pero nunca quedaba con nadie al salir ni acudía alguna celebración, no aceptaba ningún tipo de bromas. Tampoco le conocían ningún romance, ni novios o amigos íntimos. Lo dicho la consideraba, una “tipa rara”.

Lo que nadie conocía eran los  motivos, de su actitud tan arisca y extraña, porque a nadie se los conto, ya que para ella su intimidad era sagrada.

Julia había sido madre a los 15 años gracias a un hombre sin escrúpulos, amigo de la familia, para más inri. Había tenido una niña, a la que por decisión de la familia habían dado en adopción.  La familia temiendo el escándalo, y la deshonra, dispusieron de ambas a su antojo, Julia,  apenas se dio cuenta de nada, era aun tan niña, y entre el trauma primero por el embarazo no deseado, del que se dieron cuenta demasiado tarde, para Julia todo aquello, le era ajeno, había pasado por encima de ella como una pesadilla, los meses de embarazo, fueron un calvario, veía como su joven y liso vientre se iba hinchando, sin poder hacer nada. La apartaron de sus amigas, se la llevaron a una casa de campo, se sintió sola, y asustada, ni tan siquiera comprendía nada.

Cuando todo aquello acabo y ella se recupero, sintió un irresistible  instinto maternal, a pesar de su corta edad, quiso que le devolvieran a su hija, les amenazo con irse de casa pero todo fue inútil, se juro así misma que se iría cuando cumpliera la mayoría de edad y estuviera preparada.

Julia nunca fue la misma, había perdido las ilusiones y la alegría propia de sus años. Se centro solo en estudiar, y estudiar, cuando estuvo preparada se fue sin tan siquiera despedirse, jamás les perdonaría.

Julia todas las noches escribía unas líneas en su diario, dirigidas a su hija, su hija Olivia, era el nombre con el que decidió llamarla para pensar en ella, para escribirle, y quien sabe quizás algún día encontrarla.

“Querida Olivia soy Julia tu madre biológica, quiero que sepas que nunca, nunca quise apartarte de mí, y no sabes cómo sufro por lo ocurrido, por no haber reaccionado a tiempo. Siento un dolor inmenso, y quiero que sepas lo arrepentida que estoy, que no hay un solo día en que no me acuerde de ti, de tantas cosas que me estoy perdiendo, tus risas, tus abrazos y  caricias, tus llantos, tus calenturas, tus caídas, tu mirada, tus cumpleaños, tus juegos, tu cariño. Mi niña, mi pequeña, Olivia.

“Querida Olivia, te imagino parecida a mí con tus años, tu pelo rubio ensortijado recogido con un lazo rojo, corriendo por el parque con otros niños, y yo mirándote jugar embelesada. Pensando que Jamás hubo una niña más linda que tu”. Mi pequeña, buenas noches tesoro.

Y así un día y otro, y otro.

Querida Olivia hoy es tu cumple años, ya haces 12 años, eres casi una mujercita, espero que seas muy feliz allá donde estés. No tengas prisa por conocer el amor que llegara a su debido tiempo, no quiero que te pase como a mí, serias desgraciada, aunque si yo hubiera tenido una madre de verdad y que me hubiera apoyado, ahora tu estarías conmigo, no supe reaccionar a tiempo.  Lo siento mucho, tesoro.

Julia, cada día y cada cumpleaños, le compraba algo según la edad, y lo guardaba todo en un armario con su nombre, las cartas y los regalos, se sentía feliz haciéndolo.  

Ese era el secreto que Julia guardaba, y por el que se comportaba de un modo un tanto raro a pesar de ser cortes, y por el que no había rehecho su vida.

Julia se hacía mayor pero nunca perdió la esperanza de encontrarla, aunque por más que había buscado y pagado porque la encontrara sus pesquisas nunca dieron frutos.

Olivia, era su único amor, y su secreto mejor guardado.

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Esta historia inventada podría ser la de cualquier chica de su edad, a la que sus padres no solo no apoyaron, sino que decidieron por ellas más por hipocresía y por el qué dirán que pudo más que la felicidad de sus hijas que hubiese sido plena de haber podido criar a sus pequeños, incluso esos abuelos hubieran sido más felices ayudando a sus hijas en la crianza de un bebe, que es el regalo más hermoso que la vida nos regala. Cuantos padres insensibles  sucumbieron a tal perversión de arrancar a una criatura inocente de su madre biológica.